Pensar sólo en megaminería

Por Guillermo Alamino

Los medios de comunicación promueven un relato que presenta a San Juan como una provincia condenada a la  megaminería, sin exponer  otras alternativas económicas que podrían desplegarse. De esta manera,  las empresas  periodísticas y  muchos  dirigentes divulgan  una visión  de progreso sustentada  en el extractivismo minero,  como única actividad posible  para realizar en  la región.

Una gran campaña mediática está en marcha para minimizar el último derrame de cianuro y   defender los proyectos mineros  a gran escala. Tanto los medios de difusión  locales como nacionales tratan de convencer a la ciudadanía  de apoyar  esos emprendimientos, porque “San Juan sería una provincia eminentemente minera”.

Sin embargo, esta afirmación carece de sustento, porque San Juan ha vivido históricamente de otras  actividades económicas  como la agroindustria, en comparación a  la megaminería que comienza su pleno funcionamiento en el año 2005.  Además, cabe destacar  que la explotación de minas (incluye metalífera y no metalífera)  equivale al 4,3% del empleo provincial, mientras que la agricultura, caza y silvicultura representa el 10% y la industria manufacturera el  17,27%. Es decir, no hay una dependencia exclusiva  en cuanto al tema laboral. Tampoco es cierto que gracias  a la “nueva minería” San Juan  experimentó un ascenso social y económico importante, ya que es el tercer distrito más pobre del país, según el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, y la jurisdicción con un mayor porcentaje de desocupados de Cuyo, de acuerdo  al INDEC.

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Ministerio de Producción Nacional

Todos estos datos son escondidos  por aquellos que forman parte del llamado “Consenso Minero”, integrado por políticos, intelectuales, instituciones, entre otros. “La aceptación –tácita o explícita– de tal «consenso» contribuye a instalar un nuevo escepticismo o ideología de la resignación que refuerza, en el límite, la «sensatez y razonabilidad» de un capitalismo progresista, al imponer la idea de que no existirían otras alternativas al actual estilo de desarrollo extractivista. En consecuencia, todo discurso crítico u oposición radical terminaría por instalarse en el campo de la antimodernidad o la negación del progreso, o simplemente en el de la irracionalidad y el fundamentalismo ecologista”, expresa la socióloga Maristella Svampa.   Hasta ahora ningún gobierno ha convocado a todos los sectores sociales, para discutir el modelo productivo de la  provincia y el país. Definen lo que es “desarrollo” a espaldas del pueblo, y de acuerdo a los intereses de grandes empresas multuinacionales aliadas a los Estados, que buscan explotar los bienes comunes de las comunidades sin su consentimiento. Las disposiciones adoptadas y  referidas al territorio nacional son diagramadas en los centros del poder financiero mundial.

La instalación de un discurso único basado en el extractivismo y su penetración en diversos partes de la sociedad conlleva a la degradación del debate, entorno a las políticas económicas implementadas en los últimos tiempos. Esto a su vez trae consigo la decadencia  y la falta de tacto social  a la hora de  tomar algún tipo de decisión por parte de las autoridades públicas, que afecta a poblaciones enteras.  Decir que San Juan es minero, sin antes haber discutido su esquema productivo, es afirmar algo que no tiene el beneplácito explícito del pueblo sanjuanino.

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